
El proceso de separación entre dos adultos en la mayoría de los casos es problemático ya sea por la existencia de una infidelidad de una de las partes, por desgaste de la relación, por peleas económicas, o por una visión de la relación diferente entre los intervinientes.
Estas dificultades son más visibles cuando existen niños de por medio, una vez que varios intereses estarán en causa, y ni siempre el superior interés del niño estará presente en el racional de la actuación de sus padres. Esto naturalmente, no quiere decir que los papas lo hagan de una forma premeditada, pero es indudable que los problemas anteriores de la relación muchas veces no dejan ver la realidad con clarividencia acabando por perjudicar al niño.
Después de un divorcio, la primera gran decisión sobre el futuro de los hijos es la forma de custodia que existirá. Los especialistas son perentorios al afirmar que una situación deseable para todos es la custodia compartida donde cada uno de los progenitores tiene contacto durante una semana con el niño, haciéndose cada progenitor también responsable en igual medida por todo lo que dice respeto al infante.
A pesar de que la custodia compartida sea la situación perfecta como ya fue abordado anteriormente en la actividad 6, de acuerdo a diferentes niveles de conflicto y de cooperación la solución óptima para la custodia de un niño puede variar y las posibles soluciones se encuentran resumidas en la siguiente tabla ya vista anteriormente:

Es también cierto que estos dos factores no son los únicos que interactúan en la decisión final sobre la custodia de un niño ni sobre el Plan de convivencia familiar. Otros factores son la edad del niño, el estado de salud de los niños, el grado de complicidad con cada progenitor, el talento para cuidar al niño, la existencia de antecedentes de consumo de droga o alcohol por parte de un progenitor, el tipo de trabajo que tienen los padres, entre otros.
Así es primordial, de forma a que no exista una lucha interminable por la custodia en tribunal, con desgaste para los padres y para el niño, que exista capacidad para gestionar el conflicto de un modo alternativo. Nuestra propuesta no es la negociación directa entre los padres (que sería siempre influenciada por algún tipo de rencor existente entre las partes), pero sí una situación de mediación en que exista un especialista sobre el asunto a aconsejar los progenitores sobre la mejor forma de cuidar a su hijo, siendo siempre la decisión final de los progenitores.
Lo que debe ser negociado debe ir desde los días en que el niño estará con cada progenitor, la responsabilidad de decidir sobre la vida del niño, un plan de transporte, un plan de contingencia para situaciones de enfermedad o compromisos de trabajo de uno de los progenitores, y un lugar donde dirimir conflictos que en último caso debe ser una nueva mesa de mediación.
Si todo esto queda definido en un momento inicial, cada actor tiene claro lo que puede y no puede hacer, evitando situaciones de malentendidos que muchas veces llevan al fin del dialogo entre papas.
Por ejemplo si la mama define la alimentación del niño, el papa puede decir lo que hacer en tiempos libres. Por otra parte ambos pueden decidir cual la mejor escuela para los niños. Si las decisiones son consensuadas y es respetado el espacio de cada uno la convivencia será más harmoniosa.
Un buen plan de convivencia Familiar garantiza:
- La paz de espirito de adultos y niños
- Que cada uno de los progenitores se puede enfocar más en los niños y menos en peleas desnecesarias entre sí.
- La seguridad al niño a través de la existencia de una rutina..
- La posibilidad de no volver a ser necesario recurrir a un mediador y mucho menos a tribunal para resolver nuevos conflictos.